¿Qué es la fermentación?

Manuel flecha. Maestro Panadero de la Escuela de Panadería de Madrid (ASEMPAN).

De una manera sencilla, se puede decir que, la fermentación panaria es la hinchazón de la masa que posteriormente permitirá la obtención de un pan alveolado, esponjoso y ligero. Todo ello se debe a la producción de gas en el interior de la masa. La fermentación empieza en el amasado y finaliza en el momento que la cocción alcanza los 55ºC y mueren todos los microorganismos. Debemos recordar que, en términos de obrador, llamamos fermentación al periodo de tiempo que va desde el formado de la pieza hasta el momento de la cocción. Este periodo es una etapa importantísima para obtener un pan con sabor, aroma y una buena conservación.

Es obvio que, por sí solo, el tiempo de fermentación por largo que sea no nos va a garantizar un pan de calidad si no va acompañado de una combinación de ingredientes, temperaturas y tiempos adecuados. El control de estos parámetros es fundamental para obtener un buen producto final.

La primera etapa, que transcurre desde el final del amasado hasta la división de la masa, es donde más aromas se producen. El final de la primera fermentación lo indica normalmente el volumen de la masa. Normalmente cuando se dobla el volumen inicial, que  dependerá principalmente de la consistencia y  la temperatura de la masa donde fermente y de la dosis de levadura. En esta etapa tenemos dos tipos de fermentación: en bloque y en pieza. La primera se realiza en un solo trozo, cuando ha finalizado la masa y antes de la división; con esta fermentación se consigue un alveolado poco uniforme (alveolos grandes irregulares), y los panes suelen tener una corteza un poco más gruesa. En la fermentación en pieza el tiempo de reposo irá en función de la temperatura de la masa, la consistencia y la levadura. Este tipo de fermentación va muy bien para procesos industriales en los que se emplea divisora volumétrica, y también para el pan candeal.

En la segunda fermentación, entre el final del formado y la cocción, la masa adquiere el tamaño adecuado para ir al horno. En esta etapa es muy importante controlar la temperatura y la humedad, porque en la superficie se puede crear una piel que limitará la capacidad de crecimiento de la masa actuando como un freno, algo que también afectará al producto final dando lugar a una corteza dura y correosa. Un exceso de humedad no beneficiará nada a la corteza y al volumen del pan. La temperatura va a tener un papel importantísimo tanto en la velocidad de la fermentación como en el aroma. Un ejemplo clarísimo es que cuando la levadura va subiendo un 1ºC tienen un poder fermentativo de un 8-10%, y a la inversa, y que a temperaturas superiores a 30ºC se desarrollan fermentaciones no beneficiosas para el sabor y la conservación del pan. Es un error muy grande, por parte de algún profesional, bajar la dosis de levadura y aumentar la temperatura. Se obtienen mejores resultados con dosis de levadura moderadas y temperaturas muy bajas.

Las materias primas

Las materias primas juegan un papel esencial en la fermentación y ahí tenemos a la harina, cuya cantidad de maltosa que contiene influirá directamente en la capacidad fermentativa. Debemos tener en cuenta que la actividad enzimática también juega un papel importante, un exceso de enzimas (beta y alfaamilasas) provocaría una aceleración de la fermentación, así como un color rojizo en el pan. Y no nos debemos olvidarnos de la calidad de gluten, un gluten de calidad y elástico permite un buen desarrollo, mientras que uno de mala calidad no estirará lo suficiente, volviéndose rápidamente poroso y dejando escapar el gas producido por la fermentación.

Junto a estos factores debemos recordar que la cantidad de levadura tiene una acción directa sobre la actividad de la fermentación. Por tanto, a mayor cantidad de levadura ésta consumirá más rápidamente el alimento y la velocidad de fermentación será mayor, pero no la cantidad de gas. Asimismo, la sal disminuirá la actividad de fermentación: a una dosis más alta la fermentación será más lenta y a una dosis más baja la fermentación se acelerará. El azúcar también es importante ya que una pequeña cantidad aumenta la fermentación y una cantidad mayor tendrá el efecto contrario. Con respecto a la grasa, una dosis mayor o menor puede aumentar o disminuir la fermentación. Y por último los conservantes, cuando se añaden –por ejemplo en los panes de larga duración–, como antimohos o algunos tipos de ácidos, será necesario aumentar considerablemente la dosis de levadura.

Por último, resulta interesante hacer un breve repaso a los factores propios de la masa, entre los que se encuentran el ph. Las levaduras comerciales funcionan mejor cuando el ph de la masa está entre 4-6. Uno de los efectos del ph más bajo es una reducción en la actividad de la fermentación que cambia las características de la masa. En la hidratación hay que tener en cuenta que las masas blandas fermentan más deprisa que las masas duras y  ello se debe a la acción de la levadura, que es más favorable con mayor actividad de agua. También es importante dejar claro qué es la temperatura y su velocidad, que dependerá de la temperatura a la que se encuentre la levadura en la masa, y también a la temperatura que tenga la cámara de fermentación.

Con temperaturas de fermentación entre los 20-24ºC se obtiene un pan más aromático, una miga con un color mas cremoso, una corteza con mayor color, más crujiente y con mayor conservación. Con temperaturas de fermentación superiores a los 28ºC, el pan tiene una tendencia clara a volverse seco, endurece antes, su miga es seca, la corteza con poco color y la conservación será menor.

 

Fuente Pan de Calidad