Soy el pan. Ese desconocido en la mesa. Ese al que presentan en una cesta anticuada, cortado de la misma forma hace años.

Y digo…

Por favor, haz una prueba.

Córtame de alguna manera distinta, preséntame en un plato bonito, colócame para atraer estéticamente a quien me come. No digas nada; sólo preséntame dignamente y seguro que, por fin, hablarán de mí. Y yo seguiré encargándome de alimentar sanamente a las familias. Pero ahora, me desearán más. Y me disfrutarán como es debido.

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